A Roma con amor

Woody Allen. EEUU. 2012. (Título original: To Rome with love)

Cartel de la película A Roma con amorWoody Allen continúa escogiendo ciudades europeas para los emplazamientos y títulos de sus últimas películas. En esta ocasión, la elegida ha sido Roma, la histórica, cautivadora y ensoñadora ciudad del amor. Entre líos de Cupido y el eterno dilema de si la fama cuesta, transcurre una floja suma de historias que nos sacan algunas risas pero que nos plantean por qué esta vez Allen no ha mantenido el nivel al que nos tenía acostumbrados en sus anteriores films.

La otrora exitosa ecuación de múltiples caras conocidas en diferentes historias y situaciones, no sirve esta vez para resolver un problema de falta de originalidad. No sabemos si son los personajes los que no encajan o si son las vivencias las que no surten efecto. Ni lo logra Penélope Cruz en su papel de «mujer de vida fácil», ni Roberto Benigni como acosado sufridor de la fama, ambos actores encasillados ya desde nuestro punto de vista en caracteres, no en personajes. El de Penélope no es un papel que pueda aportar mucho nuevo, y en caso de que pudiera, no creemos que ella lo consiguiese, porque la hemos visto ya tantas veces mostrando escote y carácter, que no sabemos si estamos comiendo palomitas con Almodóvar o con Allen. En el caso de Benigni pasa lo mismo, misma cara, mismos gestos, misma interpretación, la vida es bella y Roma también. Alec Baldwin se coló en el set de rodaje y ya que pasaba por allí le dejaron decir algo en un par de escenas. Y Woody Allen creyó que si de nuevo volvía a ser uno de los personajes estrafalarios con buenos gags se salvaría el barco. ‘Not happening bro’.

Escena de la película A Roma con amor

Por otro lado, si esperamos que el bloque de los «pequeños actores», con una seductora Ellen Page (Juno, 2007; Origen, 2010) y un atontado Jesse Eisenberg (La red social, 2010) pueda aportar algo de frescura al guión, de nuevo pecamos de confianza «alleniense», porque la historia del «novio-que-se-enamora-de-la-amiga-que-es-mona-y-además-es-actriz» nos suena tanto, que el mero hecho de confiar en que vamos a presenciar algo nuevo, al final frustra por previsible. Y no hay nada peor que el que no sólo no guste una película, sino que además frustre.

Escena de la pleícula A Roma con amor

Nos estaba gustando esta fórmula de turista europeo que llevaba Woody Allen (Vicky, Cristina, Barcelona en 2008, Midnignt in Paris en 2011), pero en «A Roma con amor» esperábamos recuperar las comedias italianas de los años sesenta, con algo más que los guiños a Fellini que aporta en dos de las historias. En El Jeque Blanco (1952), segundo largometraje de Federico Fellini, una pareja de prometidos también llegaban a Roma para una presentación familiar. En su estancia, ella se escapa a conocer a su idolatrado actor, encuentro decepcionante al conocer la vulgar personalidad de éste. Muy clara la similitud con la historia protagonizada por la joven pareja de prometidos que llegan del pueblo de las afueras de Roma a la gran ciudad. En La dolce vita (1960) una viuda que todavía no sabe que lo es, es continuamente molestada por un grupo de fotógrafos que buscan captar el momento en que ésta se entere de la noticia. Roberto Benigni también es avasallado constantemente por paparazzi en busca de cualquier gesto que haga el recién famoso.

En resumen, una película para pasar un rato entretenido, nada más.

TRAILER:

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A Roma con amor, 6.5 out of 10 based on 2 ratings

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